2053 Novas ab Chaos (capítulo 3º)

publicado a la‎(s)‎ 25 nov. 2013 9:27 por Xurxo G. G.
                                                                          La lluvia (autor original)

Alique a pluvia (Algo en la lluvia)


Así son las cosas.

    Tengo ganas de fumar. Ese es el único motivo por el que salgo al exterior a estas horas del crepúsculo. Ese y que amo el crepúsculo. Vivo en un lugar en el que esos momentos entre el día y la noche son bellos y dignos de observar, de meterse en ellos o de dejarse envolver por ellos. La luz de la estrella desaparece por el oeste cada noche pero aparece de nuevo por el este pasadas unas horas y es una de las pocas cosas en las que se puede confiar. Cuando se oculta, su luz se torna cálida, de un color naranja o próximo al púrpura si hay cirros en el horizonte y al descomponerse en el momento que se alinea entre el mar y el cielo, habla a esa parte de nuestro cerebro que entiende las cosas ocultas. Dice: “ahora tengo que irme, lo mejor que podríais hacer es dormir, ya os despertaré yo mañana. Y si no dormís portaros bien...”. Y a mi me encanta escuchar esas palabras mientras fumo un cigarrillo con o sin hierba.

    Pero encender un cigarrillo en estos días de miseria no es algo que se deba hacer a la ligera!! El tabaco es difícil de conseguir. En algunos lugares es, junto a la comida y el alcohol, una de las monedas más cotizadas. Objeto de deseo. En demasiadas ocasiones motivo de discusiones, altercados, e incluso agresiones. Sí, las adicciones son un peso extra muy difícil de llevar en tiempos de escasez. En este trozo de tierra el tabaco es moneda de cambio pero no es tan escaso; no tanto como el agua dulce. Este lugar fue puerto franco en los viejos tiempos y siempre un lugar privilegiado en el que los barcos pueden hacer escalas, comerciar, abastecerse. Y un buen número de esos barcos eran y son “piratas” aunque no exhiban los pabellones negros con la calavera, las tibias y el sable.

    todas formas, aunque tengo buenos proveedores de tabaco, no me apetece desperdiciar un cigarrillo. Me disgusta que me interrumpan mientras fumo. Hasta el roce del viento llevándose el humo demasiado rápido hacia donde no quiero que vaya, me molesta. Por eso humedezco el dedo y lo levanto para averiguar la fuerza y la dirección del viento; por eso miro a la izquierda, a la derecha y al frente para asegurarme de que no hay ningún ser humano en las proximidades. Nadie que pueda acercarse a mi durante los minutos que dedicaré a saborear el cigarrillo que ya tengo en la mano. En la otra mi Zippo. Otro objeto deseado. Son duros, el viento no los apagaba fácilmente; funcionaban con gasolina, con alcohol, con una mezcla de los dos, con disolvente y por supuesto con cualquiera de los licores que se destilaban de forma clandestina.

    Pero qué producto muy demandado no es fabricado en la clandestinidad en estos días??

    En realidad vivir es un acto clandestino. Morir es lo habitual y está bien visto...

    La muerte ha dejado de ser un negocio. Ya no existen las funerarias, en los cementerios solo se entierran las raíces de árboles jóvenes; ahora son lugares frecuentados por “ladrones” que ya no buscan cuerpos humanos. Los hornos crematorios funcionaban con gas y el gas escasea en todas partes; algunos han sido reciclados para otros usos, la mayoría eran de hierro, cobre y ladrillos refractarios: materiales muy valorados en los zocos.

    Hoy la muerte es bienvenida por el resto de los seres que viven!! Cuantos menos seamos el reparto de la miseria es menos complicado, menos doloroso. Dependiendo del lugar y el motivo de la muerte; lo que sigue es trabajo para los perros callejeros, para los cuervos, para las gaviotas, para los gorriones y he oído decir que también para homínidos que han descubierto que la carne humana se distingue muy poco de la de los cochinos. Una vez desaparecido el negocio funerario y el de los seguros que enriquecía a unos pocos; la muerte hoy es motivo de alegría para muchos, también para muchos de los que mueren!!.

    Paradójicamente, la eutanasia es un regalo para los enfermos en este tiempo en el que las medicinas son más abundantes que las enfermedades y el dolor ha sido prácticamente erradicado. Recuerdo que hace cuarenta años en este espacio que entonces era un reino persistía un agrio debate acerca de la eutanasia y el aborto!! hoy el reino no existe... todos somos ciudadanos de la vieja Europa y nadie pierde el tiempo en ese tipo de debates absurdos. La nueva filosofía “consensuada y no escrita” al respecto de esos asuntos es: “para todos los seres del planeta que casi destruimos hay dos estados, la vida y la muerte, que es la nada; los tramos intermedios no se discuten, son antesala de uno de los dos estados”. Todos tenemos claros estos conceptos y lo único que perseguimos es pasar de un estado al otro sin dolor; y que la transición sea rápida.

    Se han inventado docenas de nuevas formas de suicidio y siguen apareciendo otras cada vez más elaboradas.

    Los que tienen más suerte o alguien que les quiera bien regresan a la tierra convertidos en polvo gracias a unos chorros de gasolina y objetos combustibles, por lo general sus propias ropas. No escasea la gasolina!! no es barata, tampoco cara; en realidad es más barata que antes de la “expropiación” de las refinerías, aunque siempre es difícil calcular el precio teniendo en cuenta que la moneda no vale nada. La gasolina es una de las pocas cosas que se mantienen en su sitio. Varios grupos organizados, asaltaron las refinerías, los pozos de petróleo y se hicieron con el control en los primeros días de la revolución soñada. Nadie sabe muy bien como lograron mantener las importaciones de oriente. Nadie sabe como las mantienen a día de hoy aunque algunos tenemos experiencia y datos suficientes para sospechar que se paga con ciencia, con acceso a las supercomputadoras de Chaos, con AeroApple, con Producto y con otros artilugios. Pero no obstante esas sospechas, nadie sabe a ciencia cierta con qué pagan ese petróleo que viene de fuera y que ya no es la mayor parte del que se consume.

    Los “síndicos” tienen el control de la gasolina, del diésel y de todo lo que rodea a los combustibles líquidos, antes llamados fósiles. Miles de ciudadanos trabajan para ellos en todos los puntos de la producción, en los H-18. Más en la distribución. Pero también en la fabricación de biodiesel y etanol que hoy en día representa más del 70% del combustible que se usa para el transporte por carreteras, aguas y raíles.

    El transporte... ya hablaremos del transporte, de las carreteras, de los combustibles, de los síndicos, de las pocas leyes que insospechadamente todos los grupos sociales e ideológicos aceptaron después de la revolución que no tuvo lugar!! No como la esperaban. No como la historia dice que es una revolución. Tenemos tiempo. No me consta ninguna cita con la muerte pero a veces se presenta de forma inesperada, sin invitación, por eso escribo deprisa. Por eso aprovecho todos los momentos, todas las tecnologías. Sí, intuyo que dispongo de tiempo suficiente para escribir la crónica de lo que somos ahora, de lo que ocurrió, de como ocurrió, de por qué ocurrió. Se que soy de los pocos que además puede escribir acerca de lo que éramos. Y espero que mi intuición esté en lo cierto.

    Pocos años después de la revolución que no ocurrió se acabaron las protestas, las reivindicaciones, las huelgas, los enfrentamientos, los grupos sociales y las ideologías. Pero no vivimos en una dictadura!! desaparecieron porque ya no eran útiles, porque no servían a los fines más importantes: la supervivencia y la felicidad. El único camino de lograrlas pasa por Chaos.

    Ahora quiero fumar mi cigarrillo tranquilamente. Vuelvo a escudriñar mi alrededor, mi espacio vital; el que alcanzo a ver con mis ojos que no es mucho a estas horas, el que alcanza mi oído que es algo más, no mucho porque estoy un poco sordo aunque percibo bien los tonos agudos y el que alcanza mi olfato que es mucho más y llega a distinguir el aroma de las piedras que hace unas horas bañaba el mar. Por eso se que la marea está baja. Dicen que los que fumamos habitualmente perdemos mucha capacidad olfativa. Es posible que sea cierto pero si lo es yo no lo he notado. Debe ser uno de esos males que se van adueñando del cuerpo al mismo ritmo que el tiempo. Me estoy haciendo viejo. Ya soy viejo. Antes, en los viejos tiempos los humanos de mi edad no se consideraban ancianos, pero eso se perdió como tantas otras cosas.

    No percibo la presencia de ningún ser vivo de mi tamaño a una distancia que le permita atacarme sin que pueda defenderme. Llevo la mano derecha hacia la parte trasera de mi cinturón y palpo la funda de cuero en la que descansa el acero. La izquierda está suavemente posada sobre la funda del “Cruciante” en la parte delantera, cubriendo mis genitales. La funda es de latón ligero y en las dos caras se puede ver el escudo de los “los jueces” lo mismo que en la empuñadura de bronce con “artilugios”. Todos conocen el escudo de los jueces... todos saben que la hoja de sus armas están hechas de una aleación que incluye el acero cien veces templado, el vanadio, el titanio. Todos saben que no es posible romperla con otro material conocido y que el diamante no puede rayarlas. Muchos piensan que en la aleación se emplea un metal que llegó a la tierra desde el espacio exterior, traído por extraterrestres o por meteoritos.

    Ahora todos sabemos que nada es imposible aunque haya cosas que no son posibles, aún.

    Durante el día la presencia del Cruciante en la parte delantera de mi cinto sería suficiente protección como para que pudiese fumarme un cigarrillo con tranquilidad, pero en el crepúsculo no se ve bien. Tendría que sacarlo de la funda para que el brillo de la hoja hiciese notar su presencia y la del humano que la sujeta, nadie confunde ese brillo con otros brillos; pero las armas no deben ser blandidas si no se van a usar y eso también lo sabe todo ser viviente. Y es bueno que lo sepan.

    Enciendo el mechero. La llama es más azul que la semana pasada, eso solo puede proceder de una buena mezcla de nafta y alcohol de alta graduación. No me engaño el comerciante subsahariano que me la regaló. Acerco la llama al cigarrillo y aspiro profundamente. Dejo que el humo llene mis pulmones y lo mantengo allí durante tres segundos; este cigarro lleva un poco de marihuana, no es un canuto, solo lleva un poco de hierba y por eso el método consiste en darle tiempo para que llene los alveolos y dilate los bronquios. Después la respiración será mucho más fácil. El aire entrará sin esfuerzo en mis pulmones y esa es una de las propiedades que más me gustan de entre todas las que tiene el THC.

    Expulso el humo lentamente. Saboreando el aroma del tabaco y de la hierba. Acerco el cigarrillo a los labios y le doy una segunda calada más larga que la primera. Retengo el humo un poco más y lo expulso cuando noto que mis pupilas se dilatan demasiado. A unos diez metros, en el otro lado de la calle noto la sombra de un bicho. La luz ya ha desaparecido y no puedo distinguir si se trata de un gato o de una rata. Hace años que los gatos callejeros tienen aspecto famélico y parece como si todos se hubiesen puesto de acuerdo en reducir su tamaño. Las ratas sin embargo son ahora uno de los roedores más preciados. Dicen que su carne es muy rica y nutritiva. Yo aun no la he probado. Creo que no la he probado...

    Soy lo suficientemente antiguo como para mantener algunos prejuicios: ni roedores ni reptiles en la dieta. No digo que siempre haya sido así. No. Durante la no revolución se mantuvieron ocultos todos los prejuicios menos uno: sobrevivir!! llegar a mañana. Llegar vivo a la noche y dormir. Algo; que no era solo el instinto de supervivencia los mantuvo en los rincones más profundos de la memoria hasta bastante tiempo después de que otro algo o el mismo “algo” propició que todos decidiéramos sin hablarlo, sin acordarlo, sin reuniones, sin asambleas: recomenzar una nueva era.

    La mayoría de las pocas historias que se escriben, de los pocos cuentos que amenizan las veladas al calor del fuego; porque recuperamos el fuego!! el fuego ocupa el espacio de los televisores, pero ese es otro asunto... como decía, las historias comienzan con un: Algo sucedió. Y ese Algo no se refiere a un acontecimiento indefinido, ese algo tiene alma y recuerdo que a veces su presencia era tan sólida que parecía un cuerpo, o por lo menos ocupaba el mismo espacio que un cuerpo. Se podía notar su masa y su energía!! sobre todo cuando se quedaba parada delante del viento, como un espejo invisible que reflejaba la terrible realidad muy dentro de la mente. Era como una sombra que vigilaba. Una sombra que estaba allí cuando un humano había de decidir cualquier cosa que afectase a la vida o a la muerte.

    Ahora ya pocos sentimos su presencia y muy de tarde en tarde; e incluso los que aún la percibimos “sabemos que se fue al principio de la nueva era”. Desapareció!! Partió hacia algún lugar al mismo tiempo que la lluvia que el cielo o algo desde el cielo envió para limpiar la sangre y las cenizas que coloreaban las losetas de las aceras, el líquido púrpura y a veces marrón que se coagulaba en las alcantarillas; el que no se dejaba llevar hacia el mar por los arroyos que se formaban en los días más crudos. Cuando las “muertes” se contaban por cientos o por miles!! Aquella lluvia que, como la sombra, nunca regresó.

    La lluvia que vino a perdonar todos nuestros pecados”; decían algunos muy al principio de Chaos. Los que nunca formaron parte del “no sistema”. Los últimos en alimentar las hogueras callejeras, los primeros en alimentar a los perros, a los cuervos, a las gaviotas, a las ratas. Esos también desaparecieron y con ellos todos los pecados. Con ellos desapareció el mismo concepto de pecado!! Y mucho del dolor, la inquietud, la culpabilidad y la infelicidad que aquejaba a los humanos de antes de la lluvia.

    Ahora, cuando un humano desea que algo o alguien desaparezca; deje de causarle dolor, desesperación o cualquier otro sufrimiento, suele decir: “Donde está la lluvia cuando la necesito??”. Ese es el lamento más pronunciado en la nueva era. Muchos construyen frases amenazantes: “La lluvia ya está cerca...” o esperanzadoras: “La lluvia volverá y mi suerte cambiará...”.

    El cigarrillo se acaba. Noto el calor de la brasa muy cerca de mis dedos. Apuro una penúltima calada. Si fuese de día y estuviese en otra parte la colilla no llegaría al suelo cuando la tirase!! algún sombrero, alguna gorra, alguna mano la agarraría para terminarla o para apagarla y reciclar lo que quedase de tabaco. De tabaco, alquitrán y nicotina; ya no se le añaden aditivos químicos al tabaco. Sigue siendo perjudicial para la salud pero es natural. En estos tiempos si algo se cotiza, si algo se admira, si algo se busca y se paga bien, es lo natural. Nunca como ahora he vivido en medio de un culto tan auténtico a lo natural!! Justo ahora que la escasez forma parte de nuestro día a día. Ahora que no parece que vayamos a salir de esta en muchos años, quizá nunca...

    No es que me disguste. No; lo que me disgusta es el recuerdo de otros tiempos, de los “viejos tiempos”, en los que solo unos pocos amaban lo natural y eran consecuentes y fieles a sus convicciones. Se me tuerce el gesto cada vez que recuerdo todo el tiempo que se perdió, los recursos que se desperdiciaron. Hace cuarenta años, generábamos miles de toneladas de basura cada día. Se tiraban toneladas de alimentos simplemente porque no tenían buen aspecto!! Hoy la basura no existe. No hay camiones recorriendo las calles, no hay contenedores llenos, no hay contenedores!! nadie tira nada que se pueda comer!! Y hasta los carroñeros tienen dificultades para conseguir llenar su estómago.

    Nadie llena el estómago. Nunca... Ya casi no se ve gente obesa por las calles. No es un delito; tampoco hay policías que persigan a los delincuentes, ni cárceles en los que encerrarles. Todo es más sencillo: las enfermedades cardiovasculares derivadas de la obesidad no existen; la diabetes ha desaparecido casi por completo, el uso de los asteroides se ha reducido a mínimos históricos que no se daban desde el siglo XIX. Si algún humano está gordo se presume que come mucho más de lo que necesita para vivir o que hace poco ejercicio.

    El reparto de los recursos es ahora muy eficiente. No se recuerdan tiempos en los que fuese más eficiente que ahora. Nadie come más de lo que necesita. Y si alguien almacena comida es porque se dedica a comerciar con ella, pero ni siquiera esos comerciantes están gordos. Hay conservas de todo!! cualquier cosa que sea susceptible de ser conservada de alguna forma, es convertida en conserva. El aceite, el vinagre, el azúcar y la sal son elementos preciados y protegidos. Cualquier fruto que se pueda secar se seca y se consume seco. Cualquier vegetal que se pueda deshidratar acabará deshidratado. Conservar es una obsesión. La comida es la obsesión.

    Pongo la colilla entre los dedos pulgar y corazón, la sujeto bien y la lanzo tres o cuatro metros hacia la calle. Esta vez ninguna gorra la coge. Cae sobre el asfalto. No durará mucho tiempo allí, algún “bicho” se encargará de ella. Por eso la tiro en lugar de apagarla en un cenicero que es lo que haría la mayoría, no siempre por mantener la higiene de las calles, sino para reciclarla en caso de necesidad; la tiro porque se que alguien o algo la quitará de allí en unos minutos. No hay nada en las calles. Solo aire sin contaminar que, sin embargo, huele mal en cualquier lugar en que no haya árboles, vegetación...

    Me vuelvo hacia la puerta y al hacerlo noto una perturbación en el aire. Ningún ruido, ningún olor, ningún movimiento, solo una leve perturbación en la biosfera que me rodea, en la más próxima. Una presencia que antes no estaba o no estaba en movimiento. Me detengo. No vuelvo la cabeza. No muevo ningún músculo. Espero a que la perturbación se haga más notable, más evidente. Mis sentidos, mi paleo-cerebro, mi cuerpo y mi intuición se ponen al servicio del olfato y del oído. Distinguir el olor del animal que me acecha, su tamaño, un olor nuevo que no estaba antes mezclado con el aroma fermentado de la orina, los vegetales y el cemento. Distinguir el característico roce del hierro contra el cuero. Un arma que sale de su funda.

    Nada. La perturbación ha cesado. Lo que sea que fuese no se mueve y vuelve a llegarme sin obstáculos el aroma salobre de la marea baja. Pero que no se mueva no quiere decir que ya no esté cerca. Está. Simplemente se ha detenido. Probablemente para darme tiempo a entrar y cerrar la puerta. Quizá para no sorprenderme. Para no correr riesgos. Para no ser víctima de una reacción defensiva. Si es así pronto se producirá una llamada. Y si se produce una llamada será un amigo, alguien que me conoce. O de alguien que quiere matarme haciéndose pasar por un amigo!! Entro, al tiempo que introduzco la llave por la parte interior de la cerradura y empujo la puerta al tiempo que doy dos vueltas a la izquierda y me aparto de la entrada hacia la salida posterior de la casa.


#Entratas:

Síndicos: literal, morfológico: IA (Interlingua) . sb . Sindicados, asociados, habilitados para actuar en nombre de otros que les eligen para "proteger sus intereses".

IANA: los que tienen como ocupación organizar lo común para una mejor distribución de los recursos de Chaos. Los que añaden a sus ocupaciones una vocación por el servicio público. Los que se encargan del interés común.

Jueces: literal, morfológico: IA (Interlingua) . sb . plural . Judice, Juez; el/la que juzga; el/la que administra justicia.

IANA: Síndicos/as que tienen como ocupación “ayudar a otros síndicos a detectar, corregir y en lo posible "prevenir" las conductas que conducen al asesinato, la violación y el robo”. Colaborar en las investigaciones que permiten determinar a los autores de este tipo de acciones y sobre todo: juzgar y ejecutar las sentencias de otros jueces según los principios éticos y filosóficos del Route y la NDUDH.

Cruciante: literal, morfológico: IA (Interlingua) . sb . Verduguillo, estoque, puñal, cuchillo.

IANA: Arma blanca que portan los/as Jueces. Cuchillo, puñal de doble filo construido con una aleación de metales y elaborados métodos de fundición que le confieren una dureza y tenacidad próximas a la “indestructibilidad”; y otros elementos tecnológicos que le aportan funcionalidades extraordinarias. Es un arma poderosa cuya función más común es “representativa”: los jueces lo llevan sujeto por un cinturón de cuero a la altura de la pelvis, en la parte delantera, sobre los genitales.


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