2053 Novas ab Chaos (capítulo 4º)

publicado a la‎(s)‎ 28 nov. 2013 9:38 por Xurxo G. G.

Umbras que a cruzan con umbras (Sombras que se cruzan con sombras)

    No me siento porque no quiero tener que levantarme si estoy en lo cierto y alguien llama a la puerta. Me acerco al amplificador para subir el volumen y que la voz de la portuguesa acompañe al silencio. Mientras alargo la mano hacia el botón del volumen le veo por el rabillo del ojo. Ahí está, al otro lado de la verja que separa la casa del jardín trasero.

- Pierdes facultades, Viejo.

    Ese fue su saludo. Por un instante, décimas de segundo, de mi boca no salieron las palabras que merecía escuchar. Estuve a punto de decirle que no, que sabía que estaba allí desde antes de entrar en mi guarida: todo el espacio que rodea mi “hogar”; que noté como el aire se apartó para dejar espacio a su figura, que estaba alerta y preparado. Pero no lo hice. Para qué?? hubiese sido una exhibición que solo aplaudiría mi ego y a ese era mejor azotarlo varias veces al día con el látigo de la precaución. Era mejor dejar que el resto, incluido Wolf, pensasen lo que quisiesen acerca de mis facultades o de mi fuerza y si pensaban que estaba menguado, mejor. Se confiarían y eso sería: ventaja para mi. Por otra parte, era cierto que perdía facultades y que me estaba haciendo viejo. Pero... en estos días, “viejo” no significa “vulnerable”. Lo mismo que “niño” o “mujer” no son sinónimos de vulnerabilidad o debilidad. Cualquiera puede matarte hoy en día y de mil formas diferentes!!

- Si... los años pesan como losas y mantenerse alerta constantemente desgasta. Asentí en el tono más convincente que encontré, mientras componía un gesto de cansancio.

    Sonrió y se acercó a la verja introduciendo una mano que sujetaba un paquete de Camel.

- Necesito una batería Viejo.

    Tomé el paquete de Camel con la mano izquierda mientras con la derecha apartaba la mosquitera y levantaba el pestillo de la verja de hierro.

- Pasa y siéntate tendrás que esperar a que terminen de cargarse las dos únicas que te sirven. Ya casi nadie utiliza trastos de seis voltios. Vas a tener que modernizarte.

- Tu también las utilizas. Apostilló con seguridad mientras volvía a poner el pestillo de la verja y tomaba asiento en una de las cinco sillas de aluminio salpicadas por la estancia. En realidad no necesito tantas pero ya estaban aquí cuando me mudé.

- Sí, las utilizo, pero sólo para sacar de apuros a tipos como tu y para comerciar con la carga. Hace años que todos mis artilugios funcionan con baterías de doce voltios.

- Me fijé en que teníais electricidad hoy en este sector. Segunda mentira... la primera había sido que necesitaba una batería cargada.

- Esa es otra. Tienes que trasladarte a los buenos barrios. Aquí vive la clase alta. No has visto que limpias están las calles?? Una frase intrascendente; dejemos que se confíe...

- Nada comparado con mi sector. Allí ni siquiera hay arena en las aceras. Eso si es cierto.

    Podría parecer que bromeábamos. Comentarios preliminares, una forma de dejar que la tensión desapareciese o al menos se rebajase lo suficiente como para poder hablar de cosas serias. Era un ritual social habitual ahora que ya casi nadie confía en nadie.

- Dame uno de esos Camel que tienes, hoy no he fumado. Pidió extendiendo la mano y exagerando uno de los característicos gestos de mendigo que tanto se veían en el teatro de las calles.

- Lo estás dejando lentamente?? pregunté, aunque ya sabía el motivo por el que no había fumado. No tenía tabaco. No tenía tabaco para fumar. Aquel paquete que me había dado lo tenía para comerciar, para las emergencias.

- Ya sabes que no fumo cualquier cosa y conseguir buen tabaco es cada día más complicado.

    Abrí el paquete por la parte contraria a los filtros. No faltaba ningún cigarrillo y a simple vista no parecía que hubieran sido “aliviados”.

        Muchos malos comerciantes abren los paquetes, quitan unos gramos de tabaco de cada cigarrillo haciéndolos girar entre los dedos y luego vuelven a cerrar el paquete sin dejar huella. Este era auténtico. No había sido manipulado.

- Lo se. Dije mientras extraía la mitad de los cigarrillos y los metía en un paquete vacío de Philis Morris. Se lo di.

- El pago es justo. Un paquete, una carga de batería. Observó mientras miraba el medio paquete.

- No, no es justo. Lo sería si la batería fuese de doce voltios y cuarenta amperios. Pero la que necesitas es de seis voltios y ocho amperios.

- Y?? preguntó acompañando la pregunta con un exagerado gesto, esta vez auténtico; lo que denotaba una vez más su deficiente concepto de la justicia...

- Media batería, medio paquete de tabaco. Sonreí y el sonrió también mientras sacaba un cigarrillo y metía el medio paquete en el bolsillo de la camisa.

- Demasiado justo viejo. Encendió el cigarrillo con un mechero de verdad. Un mechero de mecha. Lo más parecido a hacer fuego con yesca. Y mientras el humo del Camel ascendía por delante de su rostro aprecié un brillo extraño en sus ojos. No había venido por la batería... yo sabía que en el Sector 8 había suministro eléctrico. Podía haberla cargado en su guarida. También sabía que Wolf no descuidaba los recambios, a ninguno de nosotros nos pillaba desprevenidos un corte en el suministro eléctrico y mucho menos uno de los cortos restablecimientos de energía. Teníamos esa información en el celular. Formaba parte de nuestra trabajo saber donde se iban a producir sabotajes en los transformadores y en lo posible, evitarlos.

    No. había venido a verme por cualquier otro motivo menos por la batería. Esperé...

- Demasiado justo?? es bueno seguir la conversación que otro ha iniciado. Y además me interesaba su respuesta.

- Eso dicen. respondió mientras daba otra calada y desviaba su mirada al suelo.

- Ya se lo que dicen. Me interesa saber que piensas tu. Fui hasta la pequeña estantería de contrachapado que estaba apoyada sobre una de las paredes de la estancia que hacía las veces de salón, cocina, almacén, y en ocasiones dormitorio; y cogí una botella de licor. No contenía nada ni remotamente parecido a lo que ponía en la etiqueta: The Monks; pero me gustaba la garrafa de color marfil y hacerme la ilusión de que aquello era whisky escocés o mejor, irlandés. Añoraba el Jameson. Es posible que una vieja garrafa de cerámica cocida y esmaltada mejore cualquier bebida alcohólica que uno meta dentro?? No lo se. Pero tengo claro que en caso de que no lo haga, para mi la garrafa es un placebo. Metía en ella cualquier licor y lo mantenía allí unos días antes de beberlo. Nunca bebí licor de forma habitual. No sin mezclar. Y sigo sin hacerlo pero hecho de menos el Jameson, un whisky irlandés que me gusta mucho y que ahora es difícil encontrar.

- Me interesa saber que piensas. En serio. Y deja de mirar la cerámica del suelo, es horrorosa pero está desinfectada. Quieres un dedal??. Dije mientras me sentaba frente a él y ponía la botella y dos diminutos vasos sobre la mesa de cristal velado.

- No sabía que bebías licor... si ponme uno. No tendrás hielo??. Le miré con aquella expresión que me gusta poner a veces: sonrío y miro al resto con un exagerado gesto de suficiencia. Un: pero con quien te crees que estás hablando.

- No se si te gustará su aspecto pero te aseguro que es hielo. Hielo de agua de lluvia!!. Y me dirigí al frigorífico que tenía medio oculto en un rincón de la estancia, tapado con media docena de edredones y una cortina de color titanio, de esas que se utilizan para detener la luz del sol en las ventanas y las puertas de las terrazas. La abrí y la cerré antes de que Wolf pudiese atisbar siquiera su contenido.

- Joder!! Siempre me sorprendes viejo. Que velocidad. Exclamó.

- Pues espera a ver esto. Y mientras él no salía de su sorpresa golpee contra el suelo una pequeña bolsa de tela. Un par de veces y después la abrí y se la puse a la altura de sus ojos.

- Hacía tiempo que no veía unos trozos de agua helada tan transparentes!!. En el tono y en la expresión de sus ojos noté que la exclamación era tan auténtica como el hielo que estaba mirando.

- Te lo dije: agua de lluvia congelada. Vertí los pequeños trozos en los dos vasos.

- No recuerdo cuando fue la última vez que llovió aquí. Lamentó mientras llevaba el cristal a los labios y bebía hasta la mitad.

- Hace mucho que no llueve aquí. Pero esto vino de otra isla en el último ferry. Dije antes de saborear un poco de licor al tiempo que él abría mucho los ojos.

- Es de...?. Preguntó al tiempo que miraba desde arriba el pequeño vaso como buscando un sello de autenticidad.

- Sí. Son trozos de hielo traído desde el techo de nuestro mundo. Dije refiriéndome al volcán de arena que está en la isla más grande del archipiélago. La cumbre está siempre por encima de las nubes y hasta en verano mantiene una hermosa y helada corona blanca.

- Tienes unos contactos muy extraños. Deletreó no sin que yo pudiese notar un ligero tono de envidia en sus palabras.

- Y el licor?? está bueno?? te gusta?? Tengo pocas oportunidades de preguntarle estas cosas a un experto... . Y el tono de mi frase tampoco estaba exento de crítica. Wolf tenía fama de beber demasiado. De beber demasiado en horario de servicio. Para nosotros siempre es horario de ocupación...

- El licor es bueno. Vodka patatero de la mejor calidad. Bien destilado, con zumo de pomelo, naranja amarga o mandarina y con un buen grado de alcohol. No me dolerá la cabeza mañana. Y apuró lo que quedaba en el vaso antes de que se deshiciese todo el hielo.

- Y cuantos dedales tienes que beber para decirme lo que sea que tengas que decirme??. No le sorprendió mi pregunta. De nuevo dirigió su mirada al suelo.

- No es fácil. Musitó.

- Entonces será mejor que lo escupas ya o acabarás adulterando el licor con tus jugos gástricos. Las malas noticias cuanto antes mejor. Esa era una de mis normas: primero las malas noticias, después las buenas si es que las había.

- No es fácil. Musitó de nuevo. Volví a llenarle el vaso de... cómo lo había llamado?? vodka patatero?? lo de patatero se refería a la patata que se empleaba para la fermentación. Se lavaban bien las patatas, se machacaban con o sin piel y se le añadía azúcar, y si había, también un poco de cebada malteada; después de unos días de fermentación se convertía en un caldo espeso con no muy buen aspecto y ese puré era lo que se destilaba, generalmente en un alambique casero. Había otras formas de hacerlo pero por lo visto esta era la buena.

- Tienes que valorar mi último año. Dijo por fin levantando la cabeza y mirándome como si acabase de confesar un puñado de pecados imperdonables y necesitase imperiosamente mi absolución.

- Joder!! que pandilla de cabrones. Dije y ahora era yo el que miré al suelo unos instantes. Así eran los síndicos. Así funcionaba ahora la “justicia”. Los jueces más antiguos valoraban a los aspirantes cada año y, como en casi todo, solo había dos respuestas: sí y no. Si era sí el novato continuaba un año más y así hasta diez, después terminaban las valoraciones, uno de los nnosotros le acompañaba a lo que en los viejos tiempos había sido un edificio oficial y ahora se llamaba hangar, en este caso: H-33, autorizaba que se le tatuase el sello en el antebrazo izquierdo y se le entregase un “Cruciante”. El periodo de formación terminaba y lo que pasase en adelante era otra historia.

    Matar no es fácil... Ahora no hay códigos penales con miles de artículos. Antes, en los viejos tiempos, éramos muchos los que pensábamos que “nada realmente importante se había añadido al antiguo código penal desde el Derecho Romano” o que todo lo que se había añadido sobraba, que solo servía para embarullarlo todo y facilitar que los poderosos escapasen de la justicia.

    Pero lo que teníamos ahora era más corto que el código de Hammurabi. Muy difícil para que los jueces jóvenes pudiesen seguirlo sin sobrepasarse o no llegar... Wolf era de los que ante la duda optaba por sobrepasarse. Si me habían designado a mi para valorar su último año solo podía haber un motivo: le querían fuera del H-33. Y él lo sabía. De ahí lo de: “no es fácil”. Opté por acabar con su incertidumbre cuanto antes, mientras accedía a mi dirección de correo electrónico encriptada, a través del “nano-implante”. Allí estaría sin duda el expediente y las recomendaciones anteriores, sus méritos y sus deméritos.

- Llevas... cuanto?? tres o cuatro años?? En ese tiempo habrás reunido información suficiente como para dedicarte a otra cosa más rentable y menos peligrosa. Lo dije en el tono más optimista que encontré en mi colección. Pero era cierto que un magistrato podía ahorrar, almacenar, prever, hacer buenas amistades, buenos contactos y retirarse del servicio para dedicarse a vivir su vida. Un magistrato tenía oportunidades que otros no tenían. Me refiero a oportunidades “éticas”.

    Cierto que también podía almacenar enemigos. Había que hacer muy mal el trabajo para almacenar enemigos poderosos. Pero era posible. Yo había conocido a un par de ellos antes que Wolf. Peores que wolf...

- Siete años!! llevo siete años sin dormir bien una puta noche. Escupió lamentándose en un gratuito a la vez que inútil alarde de ira.

- Como todos chico, o acaso crees que los viejos dormimos bien alguna vez??. Y en mi respuesta iba implícita una recriminación: no te quejes niñato si te hubiesen enviado a mi presencia después el primer año no habrías llevado el acero los otros seis. Él también sabía eso. Lo sabía cuando había acudido a mi en busca de consejo. Lo sabía cuando se había pasado por los cojones mis recomendaciones.

- Ni siquiera vas a mirar el expediente?? me gustaría saber qué ha pasado este año para que quieran echarme... Él conocía los motivos. Claro que los sabía. Sabía que lo que estaba a punto de pasar no era el resultado de su trabajo en el último año, no solo del último año aunque si alguno de los rumores que recorrían las calles, los tugurios y los zocos, era cierto, cualquiera de ellos sería suficiente para haber precipitado este desenlace. Y los dos sabíamos que en el fondo esas historias relataban hechos auténticos por muy adornados que estuviesen. Todas las historias tienen una base real. Todas las historias ocurrieron alguna vez. Aprendí eso leyendo a Heródoto y a Homero. Por eso se que incluso los mitos y las leyendas ocurrieron en otro tiempo. Puede que no ocurriesen tal y como nos las cuentan o en el lugar exacto donde dicen que ocurrieron; pero ocurrieron. Que se cuenten mil veces solo añade y elimina partes del cuento; y a veces eso las desvirtúa o las hace parecer inventadas. Pero ya no quedan historias que se puedan inventar!! Las historias son como la materia: no se crean, se transforman; por eso sus partes fundamentales son o fueron hechos reales. A veces sueños. Pero; qué son los sueños?? No son acaso realidades que el cerebro va ordenando en las capas de la memoria mientras dormimos.

- Lo estoy mirando amigo mío. Pero ya sabes que es un trámite. Y lo era. Uno de los pocos trámites que todavía quedaban de los viejos tiempos. Cuando querían a algún novato fuera del oficio le asignaban para la valoración anual a uno de los pocos que habíamos vivido “la revolución que no existió”. Y todos los viejos sabíamos lo que se esperaba de nosotros. Creo que a veces también lo hacían por si al novato le invadía un ataque de ira y eliminaba al viejo... Sí, no éramos precisamente amados por todos. La mayoría nos quería y valoraba nuestro trabajo, nuestra entrega, nuestra experiencia, nuestra calma y nuestra determinación; nuestra forma de no dudar en aplicar justicia. Pero otros no y era lógico; la gente había aprendido mucho en los últimos treinta años, pero algunos viejos vicios perduraban en muchas mentes. Errores en la educación, en la formación del carácter: a nadie le gustaba que le afeasen la conducta y algunos dejaban que los sentimientos de venganza anidasen en sus corazones. Agazapados. Esperando...

- Sabes?? cuando escucho decir que eres “demasiado justo”, siempre entiendo: “inflexible”. No puedes hacer nada??. Preguntó en un último intento como el joven que no se da por vencido y permanece a la puerta de la casa de la chica con la que ha salido esperando inútilmente que le invite a pasar. Sabe que no lo hará pero le impone la presencia de su ego mostrando de esa forma lo que ella solo intuía hasta ese momento: que no sabe perder, que le gusta imponerse. Decidí darle ánimos...

- Puedo hacer que te ultimen antes de amanecer... . Si yo no enviaba la respuesta esperada. Si no escribía mi nombre al final del expediente que me habían enviado: no apto; alguien lo ultimaría. No vería un nuevo día. Si yo no escribía mi nombre, mi nombre de judice, mi verdadero nombre, y reenviaba aquel correo electrónico antes de las 00:00h; solo podía haber dos motivos: que el novato no había acudido a la valoración o que había matado al viejo; y cualquiera de los dos valía la vida del aspirante. Cualquier otro judice le sacaría de la circulación en cuanto su nombre apareciese encabezando la lista de los condenados del día. Ningún condenado vivía más allá de las siguientes 24h a que su nombre apareciese en los celulares de todos los jueces.

    Él lo sabía... aunque no había alcanzado el rango necesario para ejecutar sentencias; lo sabía. Por eso asintió y apuró el segundo chupito. Le serví un tercero pero ya no me levanté a buscar más hielo.

    Ya no me movería de allí hasta que dejase sobre mi mesa el cinto y el acero.

- De acuerdo viejo. Te echaré de menos. Parecía sincero mientras se levantaba, se quitaba el cinto de cuero con tachuelas de bronce y me lo entregaba. Señalé la mesa al tiempo que extraía de su funda el acero. Sólo los magistratos llevan cuchillos de aquel acero y con aquel escudo en la empuñadura. No es un cruciante pero al igual que esas armas dejan un rastro indeleble e inconfundible en cualquier tejido orgánico que corten o apuñalen. Siempre se puede saber con absoluta certeza cual de aquellas armas se había utilizado contra alguien. Incluso si el objeto cortado solo era una albóndiga, en la DNADB sabrían de que acero se trataba y por tanto a quien había sido autorizado.

- Nunca hemos frecuentado los mismos lugares pero seguro que alguna vez coincidiremos. No olvides que no te conozco. Respondí con dureza. Esas eran las normas. Y se las recordé mientras tiraba sobre la mesa el medio paquete de Camel que me había dado al llegar... tal y como se habían puesto las cosas aquellos cigarrillos estaban manchados por la sospecha del soborno. Todos sabían que a mi no se me podía sobornar; en el pasado algunos con poder lo habían intentado y su fracaso formaba parte de mi leyenda; pero yo quería que lo supiera él.

    Si coincidíamos en alguna ocasión sería porque se había salido del Route; y los aspirantes que se salían de la senda de la justicia recibían sentencias más duras que los que no habían oficiado de jueces. Era justo. Ellos tenían el deber de conocer “la ética” mejor que cualquier otro humano. Se les había entregado la confianza y no habían hecho suficiente para merecerla o la habían traicionado. Si seguían vivos era solo porque no tenían el tatuaje en el antebrazo. Pero eso se consideraba una segunda oportunidad y en este mundo nuevo los que reciben una segunda oportunidad son afortunados. Las terceras oportunidades no existen!!

- No lo olvidaré viejo. No coincidiremos. Y una sombra atravesó el jardín...

    Sí. Cogió el medio paquete de Camel y desapareció. Se fue por el mismo lugar por el que había venido pero ahora era una sombra más oscura que cuando llegó. Cuando llegó era una sombra porque él se empeñaba en ser una sombra. Todos lo hacemos. Movernos despacio pero rápido!! perturbando el aire lo menos posible. En silencio. Al marcharse era una sombra porque así se conocía entre los jueces a los novatos que no lograban el Cruciante. Era cuestión de días o semanas que apareciese muerto en cualquier calle. Los jueces novatos se equivocan, es normal, pero esas equivocaciones les granjean enemigos. Y si un magistrato deja de serlo, sus enemigos, aquellos a los que sus equivocaciones perjudicaron en el pasado; se toman la revancha. Y Wolf se había equivocado mucho.

    Así son las cosas.



#Entratas:

Magistrato: literal, morfológico: IA (Interlingua) . sb . Magistrado, el que ejerce como juez en un tribunal.

IANA: Los que tienen como ocupación labores propias de aspirantes a Judice. Durante diez años actuarán como jueces menores en cualquier caso que no requiera la ejecución de sentencias. Su ocupación es evaluada por Judices cada año.

Wolf: literal, morfológico: IA (Interlingua) . sb . plural . Nombre propio.

IANA: Nombre público de un aspirante a juez que ejerció en Chaos durante los primeros años de la Nueva Era.

Sombra: literal, morfológico: IA (Interlingua) . sb . Lugar donde no llega la luz de la estrella. Proyección de las formas de un objeto sobre otro debido a la incidencia de una fuente de luz; a su interposición entre la fuente de luz y otro objeto o el propio suelo.

IANA: Animal que se mueve tomando precauciones para que su presencia no sea advertida por otros. Casi muerto; ciudadano con escasas posibilidades de sobrevivir a las siguientes veinticuatro horas.



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