2053 Novas ab Chaos (capítulo 8º)

publicado a la‎(s)‎ 17 dic. 2013 9:48 por Xurxo G. G.   [ actualizado el 17 dic. 2013 9:50 ]
                                                                        Venganza... (autor original)

A Crimine, un crimine... (El crimen, un crimen...)


    Entré en la estancia 017. La que figuraba en el cristal izquierdo de mis berillos, en el plano que en ese mismo instante desapareció.

    Sentada en la única cama pude ver a una chica de unos veintitantos años. Calcular la edad de los humanos en el nuevo mundo es más complicado que en los viejos tiempos. La gente sigue “obsesionada con la juventud”. Es una de las pocas cosas que aún despiertan un ansia próxima a lo que en el pasado se consideraba “adoración”, si puede decirse así, dejando a un lado cualquier componente religioso. La gente se somete ahora más que antes a infinidad de cambios estéticos, incluidos los que requieren la pericia de cirujanos plásticos. Es cierto que los avances científicos también han alcanzado a estas disciplinas y que la cirugía de hoy, aunque heredera de la de entonces, es lo menos invasiva que la técnica permite, y sobre todo más cotidiana, menos dramática.

    Para calcular la edad de las personas yo seguía una vieja costumbre: mirar primero el dorso de las manos.

    En el dorso de las manos se va marcando el paso del tiempo. También en las líneas que cruzan las palmas pero la gente no va por ahí con las palmas hacia arriba. Muy pocos humanos se tratan el dorso de las manos más allá de algunos cosméticos que se pueden encontrar en cualquier zoco. La gente de ahora, como la de antes, se centra en el rostro y otras partes del cuerpo más relacionadas con las señales sexuales.

    En cuando se apartó la cortina que partía la estancia en dos manteniendo la sauna y WC apartado de la zona de descanso y artilugios de soporte vital, levantó la cabeza y ya no apartó la vista de mi rostro hasta que estuve a unos cuarenta centímetros de ella.

    Era una mujer hermosa. Tenía un rostro agradable, simétrico, el cabello muy negro y muy largo. Una figura tan estilizada que incluso sentada se podía apreciar que la medida de sus caderas coincidía con el perímetro de su pecho. Una cintura estilizada aunque no muy estrecha. Debía de medir cerca de un metro y ochenta centímetros. Era alta y de origen africano. Intenté adivinar que idioma hablaba habitualmente pero ella se dirigió a mi primero:

    - Ave! Judice. Saude. Y mientras me saludaba en una versión de IANA, derivación latino-portuguesa”, no brasileña, ni guineana; portuguesa ibérica; hizo una leve inclinación con la cabeza al estilo japonés. Sin levantarse...

    - Salute senioretta, ave!. Mie nomine es Bento. Me esforcé en dar a mi IANA acento portugués pero creo que me salió algo más parecido al acento napolitano. Ella me entendió pero no abandonó la formalidad. Sin una pizca de sumisión. Sin duda era una mujer educada. Con alguna formación académica. Antes al ver sus manos no me pareció que su trabajo fuese manual, o por lo menos no un trabajo duro y su expresión oral, sus gestos pausados, casi inexistentes, si no tenemos en cuenta las rastros emocionales; corroboraban esta primera percepción.

    - Sire Bento, excusar me per a inopportunitate... e tanto matutinal. Ahora me fijé mejor en sus ojos. Eran de tamaño mediano, redondos, oscuros. Lucía largas pestañas naturales y signos de haber llorado recientemente. Sollozado más bien.

    - Senioretta, e mi occupantia. Dicer me le sue prenomine per favore. Las frases de respuesta que iban apareciendo en el cristal izquierdo de mis berillos no lograban adecuarse del todo a la “derivación latino-portuguesa”.

    En lugar de decirme o escribir su nombre; las víctimas sabían que debían dar ese dato a un magistrato o juez para que este tuviese acceso al expediente completo en el que aparecía el acto o el delito del que habían sido objeto; ella simplemente se quedó muy quieta. Intuí que se trataba de algo violento o que tenía que ver con el sexo...

    Mi intuición funciona así: Analiza los gestos corporales, las reacciones y por lo general me ofrece un mapa conceptual poco alejado de los hechos. Se puede decir que siempre acierta en lo relacionado con el entorno de los sucesos. Si se tratase de un sistema de localización tendría un margen de error muy bajo. Los tres que utilizamos ahora: GPS, Glonas y Galileo, en su versión “militar” se sitúa en una media de 27 cm. Mi intuición es más “fina”, más certera, aunque poco específica, a veces.

    Las mujeres que han sido víctimas de una agresión de carácter sexual se muestran muy precavidas, desconfiadas. Algo totalmente normal después del “colpo, y del choc posttraumatic” que han sufrido.

    Me aparté hasta el doble de la distancia inicial. En estos casos la distancia es muy importante. Dejar un mayor espacio vital en el que no se sientan tan inseguras y vulnerables les ayuda a hablar. Cogí una de las tumbonas en las que solían descansar o dormir los familiares que se quedaban cuidando a los pacientes en los H-12 porque son más bajas que las sillas y me senté frente a ella a más de metro y medio; de esa forma me situaba por debajo de la altura a la que estaban sus ojos y eso también suele aportar un plus de confianza.

    Ella seguía en silencio y ya no me miraba a los ojos. Ahora miraba mis rodillas.

    - Senioretta, not haste. Vos tranquillizar-se. Ahora el IANA se adaptaba mejor en las palabras, el acento seguía siendo erróneo aunque latino.

    En la nueva era se había elegido el Interlingua como la “lengua común de todos”, el IANA; por varios motivos: todos los ciudadanos procedentes de la Vieja Europa sur occidental lo entendían al oírlo y al leerlo, independientemente de sus experiencias formativas y culturales; lo mismo ocurría con todos los ciudadanos latinos procedentes de otros continentes; y la mayoría de los que conocían las lenguas británicas. Era fácil de aprender y no se adulteraba, no hasta el punto de hacerlo inútil, por el hecho de que cada cual le imprimiese al hablar una tendencia, un acento, una derivación de su lengua materna.

    En la misma época se decidió mantener el Inglés para todo aquello que tuviese que ver con la ciencia; sobre todo en los campos de la programación informática, por razones prácticas!! aunque desde ese momento era norma entre los programadores y desarrolladores de software añadir comentarios en IANA en el código fuente. Esto ayudaba mucho a los estudiantes procedentes de países o entornos con poco conocimiento del Inglés. Con el mismo objetivo, muchos científicos mandaban traducir sus documentos al IANA; y desde luego era la lengua de comunicación que usaban para la divulgación fuera de sus hangares. Más allá de sus círculos.

    La chica seguía mirando mis rodillas. Tenía que hacer algo que le diese más confianza. Algún gesto, quizá.

    Con la mano derecha levanté la manga de mi cazadora dejando al descubierto mi antebrazo izquierdo en el que se podía ver el tatuaje que mostraba al hombre de Vitrubio. Sí. En los primeros tiempos de la nueva era se decidió que ese dibujo de Leonardo sería el icono que identificaría a los jueces.

    No le impresionó. No conseguí gran cosa. Seguía callada.

    Algún que otro ciudadano usaba ese símbolo incluso tatuado. No era algo exclusivo. No estaba prohibido usarlo. Nada relacionado con la propia imagen estaba prohibido en el nuevo mundo!! Se entendía que formaba parte de la “libertad de expresión” y eso figuraba en la nueva DUDH. Pero ningún tatuaje se confundía con los nuestros. El círculo exterior estaba formado por símbolos. Una mezcla de jeroglíficos del antiguo Egipto, símbolos Amazigh, mayas, aztecas y runas procedentes de otros pueblos antiguos de Asia, Europa, las Américas, Australia y Nueva Zelanda. Ese círculo, esa aureola, no estaba tatuada. Era una marca de fuego hecha con un láser que se añadía sobre el tatuaje y ese “hierro” sólo lo tenían los hackers jueces. Nadie que hubiese visto una marca de fuego la confundiría con un tatuaje parecido.

    Ensayé otro gesto. Uno más excepcional. Y este si logró su objetivo.

    Con la mano izquierda levanté la manga que cubría el antebrazo derecho y ella pudo ver el otro símbolo: el antiguo icono de los que habíamos participado en la revolución que no fue, al lado de los jóvenes. Nos los habíamos hecho nosotros mismos y era como un juramento. No era una marca de láser... era una marca de hierro candente que mostraba una imagen de San Jorge matando al dragón.

    Al final de los viejos tiempos, durante la revolución que no ocurrió, esa quemadura, ese hierro, tenía un significado claro: si cualquier “agente del sistema” capturaba a alguno de nosotros tenía claro de que lado estábamos; sus jefes sabrían que éramos de los que habíamos quemado los barcos, que nuestro compromiso con “Chaos” incluía la vida y la muerte; y la muerte siempre llegaba.

    Una muerte... a veces rápida como una prueba de cien metros lisos y otras después de una tortura larga como una maratón.

        Una muerte que “buscábamos”. De alguna forma la buscábamos. Ellos, los otros; sabían que los pocos adultos y viejos que nos unimos a los jóvenes que crearon el sitio virtual y común al que llamaron “Megidorg”, donde se inició “Apocalypse” en 2018; considerábamos que cuando poníamos un pie en las calles, fuera de la precaria seguridad de nuestros hogares, de nuestras guaridas; ya estábamos muertos!! las posibilidades de regresar vivos eran mínimas. La relación, la diferencia numérica entre los “bandos” que circulaban por las calles durante el toque de queda que las autoridades establecieron, era abrumadora, de 2 a 8. Además, nosotros no usábamos armas de fuego!! En Megidorg se había decidido no usar aquellas armas que tanto se criticaron durante la etapa “pre-revolucionaria”: los años de la vergüenza, como se conocen ahora; los inmediatamente anteriores a 2018, aunque no hay consenso acerca de cuantos. Muchos dicen diez y otros muchos dicen veinte; pero no faltan quienes aseguran que cien!!. Decidimos recuperar el “honor de los antiguos, de los verdaderamente antiguos”: de los guerreros espartanos; de los cruzados; de los samuráis... se prefirió el cuerpo a cuerpo!! el olor de la sangre cubriendo las manos!! a veces cubriéndolo todo...

    Pero todo eso: lo que ocurrió entonces; cómo ocurrió; por qué ocurrió como ocurrió y no de otra forma, forma parte de un capítulo que aún no he escrito. De un capítulo que escribiré pronto. Sirvan estas explicaciones para que vuestras ilustrísimas entiendan el significado de este otro icono y por qué le se mostré.

    Se lo mostré porque tras su primera reacción sospeché que ella sabía que el agresor, el criminal era un magistrato y si era así, al ver que habían enviado a uno de los “viejos”; a uno de los “iniciadores”, se sentiría mejor, más confiada. Y así fue. Se emocionó, levantó la cabeza y una leve y fugaz sonrisa se dibujó en sus labios. Solo un instante. Luego dijo:

    - Sire io... not il es io... . Y rompió a llorar. Pero ahora lloraba con confianza, con ganas, como si estuviese acompañada por alguien de su círculo más íntimo.

    Sin embargo no había pronunciado su nombre y...qué quería decir con aquel: “yo... no soy yo...”??.

    Esperé a que el llanto relajase su mente y su cuerpo. Mientras revisé el mensaje. No había variado. Si hubiese ocurrido cualquier cambio se reflejaría en tiempo real. Pero nada había cambiado:

Ítem 0*

Juzgar: ciudadano Piotr, código 7&k$$d17.

Recoger pruebas y entrevistar víctima: H-12. Sector 8.

Contrastar DNA.

Localización provisional Sector 2. En movimiento.

Enviar sentencia para ejecución inmediata antes de 23:00h.

Inaplazable.


README:

Ampliación: instrucciones, recomendaciones, autorizaciones:

& Ultimar si opone resistencia.

    Seguía moviéndose por el sector 2. En cuanto hubiese contrastado la prueba iría hacia allí. Pero para eso necesitaba el nombre. El nombre de ella y su declaración formal; pero ella seguía mirándome con aquella expresión construida a partes iguales de ira contenida, desolación, impaciencia y dolor; la misma que yo no lograba comprender del todo. Lo único que tenía claro es que debía procurar que mi ocupación no aumentase el sufrimiento de la chica. Por eso cerré los ojos, incliné la cabeza y me concentré en el futuro inmediato. Mientras buena parte de mi cerebro se ocupaba de esas proyecciones; detrás de mi la cortina se aparto. Giré la cabeza y comprendí...

Entones si comprendí.

    Entró un médico que llevaba en una mano un objeto que era para mi y cogida de la otra mano una muchacha que si mi experiencia no fallaba, no tenía más de quince años ni menos de trece. Ahora, debido a las dificultades que había habido en los primeros años del nuevo mundo, con la alimentación; las adolescentes ya no se desarrollaban a edades tan tempranas como en el viejo mundo y su talla media había bajado. Aún así le chica que se desprendió suavemente de la mano del médico para sentarse y rodear con sus brazos el torso de la otra hembra, rondaba esa edad y comprendí que ella había sido la víctima.

    Pero no podía permitir que mis emociones nublasen mi juicio y no lo hice. Aún a costa de ofrecer una imagen demasiado fría.

    Me levanté y me acerqué al médico. Llevaba unas berillos conectadas al nano-implante; me levanté, me situé a su altura, a unos treinta centímetros y en unos segundos nuestros iris fueron reconocidos. En mi cristal izquierdo apareció su identificación, supe que en su cristal izquierdo se mostraba la mía porque me entregó el tubo de acero con un sello de silicona en el borde de la tapa.

    - io deber saper qualcosa altere; doctore??. Adapté el IANA un poco más al italiano porque en su identificación aparecía como nombre habitual Giuseppe y el real también era de origen italiano.

    - Nihil padrone tote es ibi, vasculo acierage. Gratia et justitia. Lo dijo sonriendo, muy cerca de la euforia... señalando al tubo metálico mientras miraba alternativamente a la chica alta y a mi. Después realizó una profunda inclinación de cabeza, y mirándome a los ojos dijo algo parecido a:

    - Judice Bento a le tue permission pro laborar??. Le mattina et benedicta. Le miré detenidamente. No era joven, pero tampoco tan viejo como para dirigirse a mi en aquellos términos. Muy respetuoso, sí, pero el uso del latín antiguo de “Gracia y Justicia” indicaban algo más que hacía tiempo que no escuchaba. Y nunca en boca de una persona tan joven. Quería regresar al trabajo porque la mañana estaba siendo dura, de mucho trabajo, y sin embargo añadía “bendita mañana”. Extraño. Decidí acompañarle a la puerta. Así daba tiempo a las dos chicas para que estuviesen solas y la mayor informase a la joven acerca de quien era yo. Todo sería menos duro después.

    - Excuse me doctore, per favore. Vos primarimente. Le cogí del brazo suavemente, casi cariñosamente y juntos traspasamos la cortina hacia la salida. Mientras la apartaba para franquearle el paso me despedí de Giuseppe:

    - Multe gratias doctore Giuseppe. Tempus Fugit. Gracie et Justitia per pusille puera. Sí; en alguna parte de mi memoria que ahora mismo no podía, no tenía tiempo de utilizar, estaban aquellas palabras que había pronunciado Giuseppe. Las había incluido en sus frases de forma premeditada como si estuviese feliz de poder pronunciarlas. Me conocía... y seguramente yo le conocía también. Estaba claro que el doctor estaba satisfecho con el trabajo que había hecho. Regresé con las chicas.

    - Excuse me Seniorettas, io parlar a chirurgo. Asintieron. Seguían cogidas de la mano y parecían relajadas. Me senté en la misma silla de antes y aunque ya no lo necesitaba, porque tenía el tubo de acero y “allí estaba todo” según había dicho Giuseppe y yo no lo dudaba, pregunté mirando a la más joven:

    - Senioretta, per favor, dicer me prenomine et nomine secunde??. La chica levantó levemente la cabeza para mirar a la de las largas pestañas, que le hizo un gesto de aprobación. Después se levantó dio dos pasos para cubrir la distancia que le separaba de mi, acercó sus labios a mi oreja y dijo: Alexandra y a continuación, como si fuese un apellido señorial, su verdadero nombre... cuando regresó al lado de la mujer del largo cabello negro, señalé el tuvo de acero y dije:

    - Senioretta Alexandra, docttore Giuseppe dicer me: tote es ibi, vasculo acierage. Señalé el tubo de acero y ella lo miró. Ninguna emoción afloró en la expresión de su rostro. Seguí con el procedimiento:

    - Non es obligate. Pronuncié. Y a continuación la frase en portugués que también aparecía en el cristal de mis berillos al lado del Interlingua:

    - mais se voçe quere dicerme calquera coisa, eu si teño a obrigaçao de escoita-la??. Alexandra me miró. Sonrió y dijo señalando primero su sexo y después su cabeza:

    - Docttore Giuseppe, reconstruido-me et promis-me vos... Gracie et Justitia. Dixo: Benedicto borrará il ricordo et dolore. Tardé unas décimas de segundo en salir de la hipnosis que causaba la muy dulce voz de Alexandra. Alargué mi mano izquierda con la palma hacia arriba. Ella alargó su mano derecha. La cogí, le di la vuelta y antes de que pudiese pestañear tenía mi Cruciante sobre su palma. No se asustó, no retiró la mano. Puse mi otra mano sobre el acero y dije:

    - Siñoriña, Bento revocar le promise-te. Gratia et Justitia. No era un gesto que yo tuviese habitualmente con las víctimas pero en este caso sentí que debía hacerlo. Era como decirle a Alexandra: “el doctor Giuseppe reconstruyó tu cuerpo con acero; este es el acero del Route que reconstruirá tu pensamiento, tócalo y tus indeseados deseos de venganza vendrán conmigo. Quien te hizo sufrir de esta forma, no tendrá oportunidad de repetirlo, te lo prometo”.

    Después Alexandra, ante la atenta mirada de su acompañante me regaló un relato oscuro y violento que en su voz sonaba como una canción de cuna cantada al lado de un ataúd. Anoté los detalles menos habituales para reflejarlos en la sentencia.

A nosotros no nos está permitido olvidar!!.

    Me despedí de las hembras y salí en busca de Piotr.

    Eran las 10:07h. cuando la luz exterior cayendo con fuerza sobre el hangar 12 del sector 8 me obligó a mirar directamente a la estrella para que mis berillos se oscurecieran más y más rápido. Caminé despacio hacia la moto. La puse en marcha y la dejé ronroneando mientras me ponía el casco. Monté y aceleré. Mis manos sabían hacia donde girar en cada momento siguiendo las indicaciones del mapa de situación que estaba en el cristal izquierdo de los berillos ahora oscuras. Me dirigía al hangar 33 del sector 2 para contrastar el DNA de Piotr antes de buscarle, juzgarle y sentenciarle.

    Quería estar lo más cerca posible de Piotr cuando los hackers de la DNADB me confirmaran que las muestras del fluidos, tejidos y cabellos que contenía el tubo de acero, correspondían sin duda con los de el ex-aspirante. El material recogido en el lugar de los hechos era más que suficiente. Había saliva, semen, algunos cabellos y piel que se había recuperado de las uñas de Alexandra. Hoy en día se pueden recoger muestras de DNA de muchos otros elementos corporales, incluido el aliento!! y se necesita muy poca cantidad para reproducir una cadena de ácido. La ciencia acorrala a los criminales. A los pocos que quedaban y a los que iban surgiendo: “el crimen es una excepción en Chaos”.

    Seguíamos siendo los humanos con nuestras emociones, con nuestro tedio y nuestra falta de compromiso, los que precipitábamos decisiones erróneas. Y las de mantener a Wolf como aspirante durante tantos años habían sido una sucesión de malas decisiones en las que habían intervenido varios jueces viejos. Errores en la percepción del carácter de este ciudadano que yo nunca hubiese cometido. Y no porque fuese más listo o tuviese más experiencia que los viejos colegas que habían valorado sus sentencias; sino porque yo daba más importancia al “cómo se juzgaba, a los métodos que utilizaban los aspirantes, a la forma en como interactuaban con los ciudadanos, a las expresiones que usaban al escribir sus sentencias” y sobre todo a lo que me dictaba mi intuición!!

    Si un novato hacía algo que erizaba los cabellos de mi nuca... o simplemente no hacía nada pero no podía confiarme en su presencia, trabajar sin tener en cuenta que estaban conmigo; nunca pasaría la valoración. Por eso yo tenía tan mala fama entre un grupo de aspirantes que por motivos que siempre me han intrigado informaban a otros novatos y les daban una especie de pésame cuando se enteraban de que en el sorteo les había tocado trabajar con Bento o ser valorado por Bento.

    Por el mismo motivo me disgustaba que un ayudante al que yo había valorado positivamente el año que pasaba bajo mi tutela, presumiese de ello como si hubiese logrado una hazaña. Había pasado en pocas ocasiones y de esos, los que la suerte quiso que volvieran a mi lado; lo tuvieron muy difícil!!

Corregir, cambiar, mejorar el carácter de un humano más allá de los veinte años es casi imposible. Y el “casi” sólo ocurre cuando el aspirante pasa por situaciones muy traumáticas”.

    Wolf jamás hubiese seguido en el hangar 33 si hubiese pasado uno de sus primeros años conmigo. Esto no quiere decir que se hubiese evitado el enorme error, el crimen que según todas las evidencias... acababa de cometer. No, pero es seguro que no se hubiese prevalido de la autoridad que le otorgaba el ser magistrato . Y lo había hecho. Se había aprovechado de su imagen pública; de la rectitud, de la ética que se le suponía a todos aquellos que lograban entrar en un hangar 33 para ser formados como jueces. Y para mi este hecho constituía una mancha que se extendía más allá de su penúltimo error. Yo estaba seguro de que cometería más...

    Llegué al hangar 18 del sector 2 a las 10:33h. Exactamente. Dejé la moto a la sombra de las acacias, más alejada del centro científico que la pequeña zona de aparcamiento pero merecía la pena el paseo. Me dirigí a la entrada con el tubo de acero como único equipaje. Allí podía dejar la mochila y el casco en la moto. Nadie tocaría nada. Por el camino encendí un cigarrillo. Me encantaba fumar mientras caminaba despacio bajo de las hojas de los árboles. Amo los árboles.

    Me encantaban los centros de investigación y los H-18. En todos había árboles. En todos había pequeñas plantaciones de cereales, de lúpulo y otras variedades de cannabinaceas, entre las que no faltaban hermosas hembras de marihuana. Había invernaderos donde se experimentaban nuevos injertos de estevia, tejo, sauce y otras variedades que se querían modificar con métodos genéticos no artificiales, usando el viejo método, el “método lento”.

    Siempre obtenía algún beneficio de mis frecuentes visitas a los H-18. Tanto los científicos como los estudiantes sabían de mi afición por la ciencia, por toda la ciencia; por lo natural, por lo auténtico y de mi respeto por el esfuerzo prolongado en el tiempo, y a menudo recompensaban el entusiasmo con el que defendía su trabajo con pequeños y a veces raros obsequios.

    Las acacias frenaban el suave viento que soplaba en una mañana de octubre haciéndolo circular entres sus ramas y sus hojas, como forzándolo a recorrer un caótico laberinto. La brisa acariciaba las hojas y dejaba en ellas parte de la fina arena sahariana que transportaba. Ese era el intercambio en las horas que brillaba nuestra estrella. En el crepúsculo la humedad subía. A veces, cuando la brisa seguía soplando en la oscuridad era una humedad salada que olía a mar; otras era una humedad dulce que llegaba de un cielo sin nubes y tanto una como la otra desprendían casi toda la arena que se había depositado en las hojas. Eso era lo que me contaban mientras caminaba bajo su protección. Sí, se podía escuchar el habla de los árboles prestando atención al su sonido, con fe. Sigo sintiendo agradables sensaciones en compañía de los árboles y creo que ellos lo notan!!. También puede que se trata de una obsesión, de una locura; de mi locura. Una locura tan personal como inocua.

    Miré el edificio desde abajo. No es que fuese muy alto. Algunos si lo eran; los que albergaban telescopios. Pero este era de los medianos y uno de los más bellos y prácticos que yo conocía. Encima de la puerta principal lucía el icono de los científicos: dos círculos concéntricos hechos con fórmulas matemáticas, entre las que siempre intentaba encontrar la de la relatividad general de Einstein, dos círculos que representaban a los dos aceleradores de partículas que en la segunda década de los 2000, uno en el Fermilab de los EEUU y otro en el CERN de la vieja Europa; los que lograron demostrar que Higgs tenía razón. Por cierto, ahora tenemos muchos “cern” uno en cada H-18!!. Dentro de los círculos había otros símbolos y parte de una frase atribuida a Stephen Hawking:

el cosmos no necesita dioses!!”


#Entratas:

IANA: literal, morfológico: IA (Interlingua) . sb . Siglas de: Interlingua de la Nueva Era.

IANA: Idioma de uso común entre los habitantes de Chaos. Idioma que se usan personas de lenguas maternas diferentes para entenderse a nivel común, primario. Lengua “romance” del nuevo mundo.

Cosmos: literal, morfológico: IA (Interlingua) . sb . Sistema ordenado o armonioso. Antítesis del caos. Sinónimo de Universo.

IANA: Según la definición de Baruch Spinoza.

Higgs: literal, morfológico: IA (Interlingua) . sb . Petter Higgs; físico británioco que en los años 60 del siglo XX  propuso la existencia del bosón de Giggs explicando la masa de las partículas elementales. El bosón de Giggs, conocida como "la partícula de Dios" se descubrió en julio de 2012.

IANA: Un ejemplo

Hawking: literal, morfológico: IA (Interlingua) . sb . Físico Teórico, Cosmólogo y sobre todo: divulgador científico. Predijo que los agujeros negros emitían radiación.

 IANA: Otro ejemplo

colpo: literal, morfológico: IA (Interlingua) . sb . Golpe

IANA: Golpe. Agresión. Golpe de mano. Robo muy elaborado

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