Regreso al oeste (13...)

publicado a la‎(s)‎ 24 oct. 2012 13:41 por Xurxo G. G.   [ actualizado el 21 nov. 2012 18:08 ]

    Tengo la sensación, no obstante el dolor y el desasosiego que por fuerza se ha de soportar cuando se toman decisiones así... que he ganado años¡! Y desde luego la certeza de que no nos he perdido inútilmente.

    Ahora, y desde hace décadas, un buen libro, un buen café o té con leche y la lluvia del oeste al otro lado de los cristales, son la mejor de las compañías cuando ningún mamífero superior (tómese lo de superior con todas las precauciones... porque este tipo de mamíferos son también superiores cuando deciden hacer daño y no hay mayor daño que el desamor) quiere estar a mi lado o cuando yo no quiero estar demasiado cerca de ninguno.

    La soledad no es mala compañera¡! Al contrario, es una de las mejores compañías¡! Es, eso si, tan denostada la impuesta como bien vista la deseada; la elegida. Porque no es fácil sentirse acompañado por la soledad... La soledad se hace notar¡! Susurra en nuestros oídos demasiadas cosas de esas que raramente queremos escuchar; hace demasiados silencios y parece que nos deja solos a merced de nuestros propios pensamientos y para estar solo con los propios pensamientos; es necesario tener pensamientos¡! Recuerdos, anhelos, quizá proyectos... pero sobre todo: amarse a uno mismo.

    Para amarse (para amar...) es imprescindible respetar aquello que se ama. Respetarse a si mismo es más complicado de lo que parece y es en compañía de la soledad donde se aprecia claramente ese respeto y por supuesto, también la ausencia de él... y resulta muy doloroso constatar que uno no se respeta a si mismo¡! Es más fácil, menos inquietante, hacerse acompañar por aquellos que nos dicen “cosas bellas sobre nosotros mismos” y la soledad tiene la mala costumbre de cuestionar ese tipo de alabanzas. La soledad no soporta la adulación¡!

    En las páginas de un buen libro; en el argumento de una buena historia; en un relato auténtico y bien contado; en la novela más inquietante o en la más misteriosa, incluso en la más empalagosamente romántica; podemos descubrir los secretos de otras vidas¡! De otros pensamientos, que no son tan diferentes a los nuestros, aunque nos empeñemos en otorgarles una originalidad artificial o artificiosamente alejada de nuestras vivencias. Los giros inesperados con los que la vida y el devenir nos sorprende.

    No vamos a sobrevivir a los personajes de esa novela que ayer nos inquietaba tanto... No somos mejores ni peores que ellos... ni siquiera ellos son tan diferentes a nosotros, no tanto como permitimos que nos parezcan. La única diferencia es que “no son nuestras vidas las que se describen en esas páginas” y por eso tendemos a mirarlas desde cierta distancia... desde el otro lado del cristal... como miramos la lluvia... con la esperanza de no mojarnos¡! Pero la lluvia nos mojará¡! Estemos o no expuestos a las gotas que caen del cielo, nos mojará siempre¡! La humedad que la lluvia deja en el ambiente penetrará en nuestros huesos... lo hará; tanto si nos creemos al abrigo de ella como si no. Y de la misma forma, las historias que leemos “son nuestra propia historia” o parte de ella. La historia que pasó o la que irremediablemente pasará; porque lo que leemos en esas páginas no sucedió cuando los dedos cayeron sobre las teclas que las escribieron, sino antes¡! Cuando nacieron en otras vidas y la imaginación del escritor las hizo suyas. Y nuestras...

"Los libros, aunque los tomamos por consuelo, sólo añaden profundidad a nuestra desdicha...". Orhan Pamuk


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Xurxo G. G.,
24 oct. 2012 13:41
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