Regreso al oeste (15ª)

publicado a la‎(s)‎ 4 ene. 2013 16:02 por Xurxo G. G.   [ actualizado el 4 ene. 2013 16:32 ]

    No. Un paraguas no puede librarnos más que de unas pocas gotas... de las que caen de arriba, es más, si a la lluvia le acompaña el viendo, el paraguas será un estorbo y muy probablemente un peligro. Y sin embargo cada año se siguen vendiendo muchos paraguas, ahora más, porque hace tiempo que les alcanzó la “obsolescencia programada” y ya no quedan artesanos que reparen los paraguas azotados por el viento. Usar y tirar... Y sin embargo, incluso para eso es más práctico un impermeable¡!

Pero... quien quiere librarse de la lluvia?? por qué tanta gente quiere protegerse de la lluvia?? es del agua de la lluvia de lo que quieren protegerse??

Hace muchos años la lluvia me sorprendió en medio de un bosque del noroeste. Uno de esos bosques húmedos, plagados de hongos de colores, en los que crecen robles y castaños que se elevan muy por encima del mullido lecho de hojas, hierba y helechos que crecen a sus pies. No hice gran cosa por protegerme de las gotas de agua, ni huí... una de las cosas más importantes que se debe aprender cuanto antes en la vida es: cuando no se debe huir... cuando no sirve de nada huir... Simplemente, me acerqué al tronco de un “carballo” viejo, apoyé mi espalda suavemente sobre el musgo que cubría su corteza y encendí un cigarrillo mientras esperaba “nunca llovió que no escampó” dicen los viejos.

La lluvia descargó lo que tenía previsto y luego se fue... recogí del suelo una bellota prendida aún de un manojo de hojas y caminé hacia el calor de la cocina donde la leña de otro roble viejo calentaba toda la casa. Antes de entrar busque al lado del viejo gallinero un trozo despejado de tierra entre las enormes losas de granito que sustentan gran parte del noroeste cercano al mar; hice un hueco usando un trozo de madera, introduje en el la bellota dejando fuera las hojas y volví a poner la tierra en su lugar apretando fuerte con el pié, cargando todo el peso de mi cuerpo.

El abuelo había observado toda la maniobra y me miraba sonriente... finalmente dijo: “no prenderá... nunca verás un carballo ahí... mejor la hubieses dejado donde cayó, allí si tendría alguna posibilidad de llegar a ser un árbol aunque... antes de eso tendría que sortear infinidad de dificultades. En este lugar no tiene ninguna y aún si tuvieses la suerte de que floreciera, nunca sería más que un árbol enano...”.

Le escuché, como siempre, no necesitaba esforzarme para que el viejo supiera que me interesaban los motivos por los que, en el mejor de los casos tendría un “bonsai”; realmente me interesaba. No porque la agricultura o la jardinería fuesen mi pasión; mi pasión era la vida¡! Y el viejo hablaba poco pero cuando hablaba nunca desperdiciaba las palabras. Me estaba hablando del futuro de la bellota que acababa de enterrar, pero al mismo tiempo me hablaba de otras muchas cosas... siempre hablaba de muchas cosas al mismo tiempo, en la misma frase... Las experiencias y la sabiduría necesitan “concentrarse, comprimirse, el cerebro no es infinito, hay que optimizar el espacio, no hacer trabajar a las neuronas siete veces para memorizar el mismo concepto, la misma idea". Se pueden guardar en lo más profundo de la memoria media docena de conceptos y dos docenas de experiencias, usando el mismo espacio y luego recuperarlas todas juntas¡! Y el viejo era un especialista en no desperdiciar espacio, tiempo, palabras...

Eso es lo que pretendo abuelo... (le dije mientras sacudía la tierra de las botas) por eso la traje aquí. Hace años que me enseñaste que en esta tierra no se pueden plantar robles ni castaños... Si en primavera prende, lo dejaré un año más y después lo pondré en una bandeja de barro no muy grande y lo cuidaré para que siga siendo un árbol enano. Tendría más suerte que los miles de bellotas que han caído este año, no??. Vería el sol... fabricaría oxígeno... nunca se podrían hacer unas cuadernas, ni una viga con su madera pero viviría muchos años. Es un carballo... tu me enseñaste algunos de más de doscientos años; este podría vivir aún más. Sabes que hay árboles enanos que tienen casi cuatrocientos años??

- Y viven en tiestos de barro??

- Si abuelo.

- Nunca lo hubiese imaginado pero... por qué no. Conozco un loro que casi ha doblado la edad que hubiese alcanzado de haber vivido libre en el Brasil, en la selva donde nació.

- Y crees que hubiese sido más feliz allí en su entorno natural??

- No creo que un pájaro por muy inteligente que sea, pueda concebir más felicidad que la de comer lo que le da la gana, no pasar frío ni calor y poder insultar impunemente a todo el que pasa bajo el balcón, aunque lleve uniforme...

- Pero no ha seguido el ritmo natural de su especie.

- Nosotros tampoco.

- Cierto... y no somos más importantes que un loro o una bellota, verdad??

- No, no lo somos, te dije eso cuando tenías diez o doce años, lo olvidaste??

- No. No he olvidado nada de lo que me enseñaste entonces, sabes??

- Mejor... mejor... hay experiencias que no hace falta vivirlas, con oírlas contar al amor de la lumbre, es suficiente...

Entramos... no sentamos al lado de la cocina y el hierro nos hizo llegar el calor de la madera de roble que ardía dentro. Árboles, Lluvia, fuego, vida... No sirve de nada protegerse de la lluvia. No sirve de mucho protegerse de nada... Todo ha de alcanzarnos... Basta con no desear vivir experiencias a las que otros no han sobrevivido.

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