Regreso al oeste (16ª)

publicado a la‎(s)‎ 18 ene. 2013 15:41 por Xurxo G. G.
 
    Cuando la obsolescencia programada todavía no alcanzaba a todas las máquinas, ni mucho menos a todos los sentimientos... Cuando aquellos coches eran nuestra pasión, aunque sólo podíamos verlos en la televisión, cuando nos pasábamos horas calibrando carburadores para conseguir un "de cero a cien en 30 segundos". Cuando cambiar el aceite del motor era una ceremonia que se celebraba en algún momento del fin de semana, con calma, con mucha calma. Cuando hacíamos 300 kilómetros para cromar aquellas llantas que habíamos comprado en un desguace y nosotros mismos las habíamos arrancado de los ejes de un auto en el que muy probablemente alguien había perdido la vida... Cuando todavía podíamos ser felices con esas pequeñas cosas. 

    Cuando secábamos la tapa del delco con el secador de la hermana de Nacho, que tenía una peluquería y mientras lo hacíamos, poníamos los platinos nuevos, recién llegados de Italia; en la radio del coche (un Alpine por el que habíamos dejado de beber y casi de salir, durante más de cuatro meses) sonaba la voz de Roberta Flack

Removiendo mi dolor con sus dedos 
cantando mi vida con sus palabras, 
matándome suavemente con su canción, 
matándome suavemente con su canción...

Killing Me Softly With His Song. El tema había sido compuesto hacía dos o tres años, pero era aquella versión la que había conseguido llenar nuestros corazones; la que había logrado al fin que agarrásemos de la cintura a la chica que amábamos (cada tres o cuatro meses nos enamorábamos de una...) y nos dejásemos arrastrar hasta la pista de baile, para movernos apretaditos bajo la poca luz de las bolas de cristalitos. 

Me sonrojé tanto que hasta tuve fiebre, 
avergonzada entre el público, 
parecía haber encontrado mis cartas  
y las leía en voz alta. 
Pedía a Dios que acabara, 
pero él seguía con ello. 

Con sus cabellos acariciando nuestros cuellos y las mejillas muy juntas o "la suya sobre mi pecho". Y soñábamos con que aceptaran subirse al auto al que tanto brillo habíamos sacado unas horas antes, y llevarlas a casa.

Cantaba como si me conociera 
en todas mis penurias. 
Y luego miró justo a través de mí 
como si yo no estuviera presente. 
Y continuó cantando 
cantando claro y fuerte. 

Habíamos conseguido grabar la canción mientras sonaba en una emisora de radio; sin cortes, sin la voz del locutor¡! limpia de principio a fin... y la voz de Roberta dentro del auto era capaz de hacernos sentir que ella (y sólo ella) sabía lo que queríamos, lo que deseábamos, aquello que casi nunca terminábamos (afortunadamente...).

Me dijeron que cantaba una buena canción. 
que la cantaba con estilo, 
así que vine a ver y escucharle un rato. 
Y ahí estaba él, como un joven niño, 
un extraño a mis ojos. 

    Nuestros secretos... las promesas pendientes del pasado fin de semana... las ilusiones. Cualquier cosa servía para no soportar también el sábado la cruda realidad de aquella España de 1974. Y si; para muchos las mejores drogas, los mejores hipnóticos eran los que se administraban "por el oído". Y en ellas dejábamos buena parte de lo que ganábamos. Otra parte importante era para mantener el auto en buenas condiciones: el mejor aceite para el motor, las mejores gomas para las ruedas, la mejor cera para la carrocería. El resto era para "nuestra chica" la que amaba nuestra música, nuestro auto y con suerte también a nosotros, aunque sólo fuese durante un tiempo... 

    Esta tarde "mi chica" me ha llamado, he buscado el celular siguiendo las notas de ese tono de llamada que sólo suena cuando llama ella (cómo ha cambiado la tecnología...), lo he encontrado sobre la cama, debajo de una toalla y he respondido: "hola mi amor, estás bien?? porque llamas tan temprano??"... Y su cálida voz al otro lado de... al otro lado del Atlántico dijo: "estoy bien amorcito, no pasa nada, solo llamé para decirte que te quiero". Hablamos... y al terminar la llamada ya hacía un buen rato que estaba recordando otra melodía: 

No son principios de primavera.
No hay cancion que cantar.
De hecho, sólo es otro día normal y corriente.

No hay lluvia de abril.
Ni flores que florezcan.
No es sábado de boda en el mes de junio, 
Pero lo ques, es algo real
Hecho con estas dos palabras que debo decirte.

Sólo llamé para decir te amo.
Sólo llamé para decir cuanto me preocupo.
Sólo llamé para decirte que te quiero.
Y lo digo con todo el corazón.

    Pero lo que es, aunque viejo, es tan nuevo; para llenar tu corazón como nunca podrían hacerlo dos palabras... La cantaba el "viejoStevie Wonder, aún la canta: I Just Called To Say I Love You. Era otra década (1984); nos habíamos hecho mayores pero seguíamos amando las mismas cosas. En realidad, seguimos amando las mismas cosas. Ahora, los autos han cambiado mucho; algunos aún abrillantan sus viejas máquinas y otros conservamos las motos porque nos sigue gustando hurgar en los carburadores, el olor a gasolina, mancharnos las manos de aceite, escuchar el rumor de las ruedas sobre el asfalto y las melodías que dicen cosas hermosas  y nos recuerdan que "sólo se vive el tiempo que se ama"; que un día ya menos lejano, moriremos, y alguien en alguna parte escuchará estas canciones mientras derrama unas lágrimas por aquello que decidimos o nos tocó vivir juntos, por lo que un día fuimos... 

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